
Pedro leía estas palabras en la mirada de sus alumnos cada tarde.
Corría el año 1982. Por aquel entonces, los niños de algunas familias de Irún cruzaban la frontera cada mañana para ir a estudiar a Francia.
Buscaban exclusividad. Prestigio. Croissants.
Pero esta elección traía consigo una importante carencia: el dominio de la escritura del español, su lengua materna.
Cada tarde, después de su trabajo en la escuela, Pedro continuaba con su labor docente dando clases de lengua española a estos niños.
Y lo hacía con un reto añadido:
Los estudiantes llegaban agotados, realmente “très fatigués” después de un intenso día de colegio en Francia.
(Imagínate, lo último que deseaban esos niños era dar más clase después de clase).
Muy pronto, Pedro se dio cuenta de que si quería que sus alumnos prestaran atención y aprendieran lengua española, iba a ser imprescindible un nuevo requisito: hacerlo divertido.

Funcionó.
Los estudiantes no solo se divertían, también mejoraban sus destrezas lingüísticas y llegaban, incluso, a superar el nivel de los alumnos que estudiaban en España.
Pedro compiló 64 páginas con estos ejercicios en un cuaderno hecho a mano al que bautizó con el nombre de “Mis juguetes las palabras y mi amigo el diccionario”.
En ese momento no tenía idea de cómo ese cuaderno cambiaría su vida.
Un buen día lo presentó en un colegio con el que colaboraba y a los maestros les encantó.
La voz se empezó a correr y, casi sin darse cuenta, consiguió un pedido de 700 cuadernos.

Entre ellos, el dueño de una imprenta que sentía una gran admiración por los maestros y anticipó el potencial que podía tener esta metodología.
(No se equivocó y con el tiempo, mi padre acabó siendo prácticamente su único cliente).
El resto es historia.
Desde entonces, estos cuadernos se han convertido en el complemento perfecto para practicar la ortografía en las aulas de un montón de centros educativos.
Nuestra colección está creada para un mundo en el que escribir a mano sigue siendo esencial.
Los maestros trabajan con ellos y los alumnos y alumnas aprenden a escribir sin
faltas, con unas estructuras gramaticales correctas y
utilizando un vocabulario más rico.

Y todo, gracias a unos niños que cada mañana cruzaban a estudiar a Francia y a la inquietud de un hombre.
Ese hombre, era mi padre.
Hoy, soy yo, Ana, su hija mayor y profesora como él, la encargada de continuar su legado.
Porque deberías saber que, aunque el uso de nuestros cuadernos en los colegios se ha generalizado, la nuestra sigue siendo una empresa pequeña, familiar, en la que cada cuaderno se fabrica de forma artesanal y con la misma ilusión con la que empezamos.
Si eres docente y te interesa explorar cómo nuestros cuadernos pueden enriquecer tu enseñanza en el aula y la vida de tus alumnos, puedes
pedirnos una muestra gratuita.

Yo misma te la enviaré encantada. 😊
Con esta muestra quiero que veas que…
…imprimimos con un papel de calidad para que al escribir el lápiz no traspase.
…ponemos 4 grapas que refuerzan el cuaderno para que no se deshoje a la primera de cambio.
…nuestros ejercicios están creados con un cambio frecuente de patrón para evitar el aburrimiento y las respuestas automáticas.
…incluimos un vocabulario que enriquece la expresión de los alumnos y alumnas cuando hablan y escriben.
…representamos las palabras siempre bien escritas para que los niños no las interioricen con errores.
…cuadernos de ortografía hay muchos; métodos, no tantos.
