Este pronombre le estamos empleando mal.

Porque hemos usado el pronombre de tercera persona, le, en lugar de la forma correspondiente, lo, para referirnos al complemento directo de la oración. Se trata de una incorrección denominada leísmo, relacionada con otras dos de características similares: el laísmo y el loísmo.

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A Marta no la digas eso, que está mal dicho.

Estamos ante un caso de laísmo, que significa que en esta frase hemos empleado el pronombre de tercera persona, la, en lugar de la forma correspondiente, le, para referirnos al complemento indirecto de la oración, aunque se trate de una persona de sexo femenino.

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