A Marta no la digas eso, que está mal dicho

Estamos ante un caso de laísmo, que significa que en esta frase hemos empleado el pronombre de tercera persona, la, en lugar de la forma correspondiente, le, para referirnos al complemento indirecto de la oración, aunque se trate de una persona de sexo femenino.

 

Este fenómeno está emparentado con otros dos muy similares, el leísmo y el loísmo, que abordamos en otra entrada. Los tres fenómenos se relacionan con el empleo de los pronombres de tercera persona la, las, lo, los, le, les para el desempeño de las funciones sintácticas de complemento directo y complemento indirecto.

 

En los casos de laísmo empleamos la o las en lugar de le o les para designar al complemento indirecto porque queremos destacar que nos referimos a una entidad de género femenino. Pero el criterio que debemos seguir para elegir el pronombre no es el género, sino la función, según esta tabla:


 

USOS DE LOS PRONOMBRES SEGÚN SU FUNCIÓN

¿Cómo podemos identificar la función que corresponde en cada caso? La clave está en localizar correctamente el complemento directo en aquellas oraciones cuya estructura nos lo permita. Una vez localizado, aplicaremos el pronombre correspondiente según la tabla.

 

1. Primer caso. Partamos del ejemplo que da título a esta entrada y que contiene, como señalamos, un error de laísmo:

– A Marta no la digas eso.

a) Primero hemos de localizar el verbo: digas, del verbo decir.

b) Después lo transformamos en su participio: dicho.

c) Por último formulamos esta pregunta: ¿Qué o quién es lo dicho? La respuesta a esta pregunta nos señalará, si lo hay, el complemento directo.

d) En este caso: ¿Qué es lo dicho?: Eso.

Eso es el complemento directo y por tanto a Marta (a ella) es el complemento indirecto, que debe ser representado por la forma pronominal le (a ella). Por tanto, la forma correcta es:

– A Marta no le digas eso.

 

2. Segundo caso. Probemos ahora con otra frase muy similar:

– A Marta le llamamos Tita.

a) Localizamos el verbo: llamamos, del verbo llamar.

b) Lo transformamos en su participio: llamado.

c) ¿Qué o quién es lo llamado?: Marta.

Marta es el complemento directo y debe ser representado por la forma pronominal la (a ella). Por tanto, la forma correcta es:

– A Marta la llamamos Tita.

 

3. Tercer caso. He aquí un último ejemplo, con una oración que no tiene complemento directo:

– ¿Este helado las gustará a las niñas?

a) El verbo es gustará, del verbo gustar.

b) Su participio es gustado.

c) ¿Qué o quién es lo gustado?: No hay respuesta posible, porque en esta oración no hay complemento directo (Este helado es el sujeto). Por lo tanto, a las niñas es el complemento indirecto y debe representarse por la forma pronominal les (a ellas). Por tanto, la forma correcta es:

– ¿Este helado les gustará a las niñas?

 

ADEMÁS

Los verbos de afección psíquica (aquellos que se refieren a procesos que afectan al ánimo o producen reacciones emotivas), tales como afectar, asustar, asombrar, convencer, divertir, impresionar, molestar, ofender, perjudicar, preocupar, etc. constituyen un caso especial y, por tanto, complicado de diferenciar. Veamos estas oraciones:

– A la presidenta la molestaron los silbidos de la bancada opositora.

– A la presidenta le molestaron los silbidos de la bancada opositora.

 

En este caso A la presidenta es el complemento directo (ella fue molestada) pero el pronombre correspondiente para referirse a ella es le, porque el sujeto que causa la molestia no es personal: los silbidos de los parlamentarios. Sin embargo, observa estas otras oraciones:

– A la presidenta la molestaron los parlamentarios de la bancada opositora.

– A la presidenta le molestaron los parlamentarios de la bancada opositora.

 

Aquí la forma pronominal correcta es la porque el sujeto, los parlamentarios de la bancada opositora, es personal.

 

Imágenes a partir de ilustraciones de Mónica Roig.

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