“El cazador de estilemas”, la primera novela de Alex Grijelmo

“Las faltas de ortografía no van a ningún sitio, nadie se ha muerto por una falta de ortografía. Eso son cosas de los profesores, que organizan los acentos y las letras para tener algo de lo que hablar, una asignatura que les permita llevarse un sueldo.”

 
Así opina el comisario Julio Contreras, hasta que un buen día recibe en su casa la visita de Eulogio Pulido (el nombre significa “el que habla bien”; el apellido es un adjetivo de significado evidente). Eulogio es un profesor en paro que le hace una curiosa proposición: se ofrece como colaborador de la policía para investigar delitos relacionados con injurias, anónimos, acosos telefónicos, etc. La técnica que empleará consiste en identificar a los delincuentes a partir de las huellas lingüísticas que van dejando: muletillas, construcciones sintácticas recurrentes, uso de los signos de puntuación… y también, claro, las faltas de ortografía.
 
De ahí el título: bajo la fórmula clásica de la colaboración de una extraña pareja de protagonistas, la novela nos llevará a la resolución de diversos casos gracias al rastreo de los “estilemas” (rasgos idiomáticos propios de un hablante, determinados por su origen, educación y formación) de los delincuentes. Porque, como dice Pulido: “por las palabras se llega al alma de una persona, a su historia, a su tierra, a su infancia. Las palabras son siempre el camino.”
 
Alex Grijelmo se estrena como novelista, pero mantiene, en la temática, su conocida faceta como apasionado defensor del lenguaje, que así se titula una de sus nueve obras anteriores: Defensa apasionada del idioma español, publicada por Taurus en 1998. Sus otros títulos, La seducción de las palabras, El estilo del periodista , La punta de la lengua, El genio del idioma, La gramática descomplicada, Palabras moribundas, La información del silencio y Palabras de doble filo dan cuenta de la vocación del autor por la investigación y la defensa del buen uso del español, desarrollada además como creador de la Fundéu (Fundación del Español Urgente), responsable del Libro de estilo de El País y presidente de la Agencia EFE entre 2004 y 2014.
 
Una curiosidad para terminar, sin intención de anticipar ningún elemento de la trama: En uno de los casos que se resuelven en la novela, el estilema que permite localizar al autor de un anónimo es que sigue escribiendo la palabra fe con tilde, a pesar de que esta tilde se suprimió en 1959, sesenta años antes de que se escribiera el anónimo. Si aplicásemos la misma técnica indagatoria que su protagonista, podríamos identificar al autor de El cazador de estilemas porque Alex Grijelmo sigue empleando la tilde en el adverbio solo y en los pronombres demostrativos este, ese, aquel… cuyo uso ya no se recomienda a partir de 2010. Claro que, en este caso, el estilema no es privativo suyo, pues lo comparte aún con muchos otros escritores…
 


Foto: diario El País
 

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